La Kinesiología es una praxis, un saber, una disciplina, o una terapia energética si se quiere, que:
concibe a la persona y al cuerpo como una unidad coherente de energía e información, con conciencia de sí misma, compuesta por la interacción de diferentes campos energéticos (físico, mental, emocional, espiritual, entre otros).
Esta unidad es un todo que no se puede reducir a la suma de sus partes; está interrelacionado a nivel físico, químico, eléctrico, energético, espiritual, mental/emocional. Así cualquier descompensación en una parte afectará al equilibrio (salud) de la totalidad.
Nuestro cuerpo es un organismo vivo en movimiento, un sistema en continuo cambio.
Consideramos que lo que llamamos salud no es nada más que un equilibrio en constante adaptación con éxito a los cambios internos y externos. Por enfermedad entendemos una divergencia bien en uno o varios de los campos, bien en la interacción entre diferentes campos.
La Kinesiología no es para mí un mero conjunto de saberes y técnicas cerrado, tampoco se reduce a un sistema de diagnóstico.
Lo que hace especial y única a la Kinesiología es el diálogo que establece con el cuerpo como sistema vivo en continuo cambio, las técnicas que para otros son un protocolo y una medicina, sólo son herramientas para la Kinesiología. Es la única terapia que dialoga abiertamente con este fluir incesante del cuerpo, con total independencia de las creencias del terapeuta, la regla máxima del buen kinesiólogo es “no saber”, es decir, ser neutral, no anticipar, sólo escuchar y obedecer al cuerpo.
Lo que yo llamo Kinesiología,
es un metalenguaje que nos permite establecer un diálogo, una comunicación completa, directa y global con el cuerpo, con la persona, en un tiempo real,
es decir, en el aquí y en el ahora, tomando en cuenta los procesos en los que el cuerpo ha estado y está inmerso, a todos los niveles energéticos que conforman dicho cuerpo para determinar y corregir cualquier patrón alterado de energía y/o información en ellos o en su interrelación.
No descarto ningún “instrumento” o técnica al que pueda responder el cuerpo, así que, desde la coherencia que le da el test como metalenguaje, esta Kinesiología fomenta la integración de las praxis “médicas” para adecuarse mejor y con más rigurosidad a las necesidades de cada persona y de su situación única.