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El cuidado de uno mismo y la auto-organización en sistemas complejos.

El cuidado de uno mismo y la auto-organización en sistemas complejos.

El cuidado de sí

“Veamos: ¿qué es preocuparse de uno mismo (ya que a menudo sin darnos cuenta no nos preocupamos de nosotros mismos, aunque creamos hacerlo) y cuándo lo lleva a cabo el hombre?”, preguntaba de ninguna manera inocente Sócrates a Alcibíades en un tiempo que, aunque parezca casi remoto, no deja de ser sincrónico.

Sería M. Foucault quien respondería a esta pregunta aeones de tiempo después o, más bien, una sincronía de algún pliegue de intervalos; nadie como él se tomó tan en serio el análisis de aquel concepto griego de la epimeleia heauto, o el cuidado de sí. El cuidado de sí, desde los ojos siempre despiertos de Foucault, supone, implica y obliga al establecimiento de unas prácticas no instrumentales y en extremo específicas destinadas a la transformación del modo de ser del sujeto para poder acceder a la Verdad. Pero, ¿acaso no fuimos diseñados de esta manera como organismos?

Sistemas complejos

Los sistemas complejos –que somos en tanto que seres vivos– funcionan bajo esta salvaguarda de la epimeleia heauto; como sistemas auto-organizados establecen unas prácticas concretas, que superan cualquier tipo de instrumentalización, destinadas a su continua transformación y no sólo. Estas prácticas concretas que los sistemas complejos actualizan una y otra vez mientras perseveran en la vida y para mantenerse en ella, tienen por objeto una actividad completamente centrada en sí mismo que es la de la propia heterogeneización, en otras palabras, la continua transformación de sí mismo para perpetuar su propia existencia y no otra; pero esta dinámica de transformación incesante en la que uno mismo pasa a ser objeto de cuidado y cuya máxima de la práctica de sí se vuelve una autofinalidad, siembra transformación por donde quiera que pasa inundando y contaminando el medio –al Otro– con tales modificaciones, mutaciones, permutaciones y metamorfosis.

Estos sistemas complejos que son los seres vivos, son sistemas autónomos cuya autonomía es autoreferencial y en este sentido son sistemas cerrados en su lógica y dinámica de constitución; pero, a la vez, esta autonomía autoreferencial, cuya máxima es la propia heterogeneización, diferenciación, tanto en sentido bioquímico, ya que la homogeneización supondría su máxima estabilidad térmica y su propia muerte, como en sentido biológico, ya que su supervivencia depende de su ontogenia, valga decir individualización, requiere del contexto y de la referencia constante a un Otro, ambiente, exterior, medio, que le asegure los medios indispensables para crear esas prácticas correctas destinadas a su transformación como la posibilidad de ocupar un lugar dentro de él, del mundo externo.

Acceso a la Verdad

Matamura y Varela se refieren a los seres vivos como sistemas complejos autopoiéticos, entendiendo por esto sistemas en continua producción de sí mismos; sin embargo, creo que este ininterrumpido movimiento de auto-creación y auto-recreación va mucho más allá de lo que dichos autores han indicado. Ellos remiten la autopoiesis a la idea de que los sistemas autoorganizados mantienen su identidad gracias a los procesos internos mediante los que pueden auto-reproducir sus componentes; para nosotros la noción misma de autopoiesis aplicada a los sistemas complejos auto-organizados y vivos no deja de ser un correlato constante del cuidado de sí a otro nivel.

Matamura y Varela indican que la propiedad de los sistemas de producirse a sí mismos es lo que ellos denominan autopoiesis y afirman que esta define el “acoplamiento” de un sistema a su entorno. La constante producción de sí es una forma, quizá para algunos todavía primitiva, del cuidado de sí; esa constante producción de sí no es una mera re-producción, sino una producción creativa que lleva al sistema de un nivel de complejiidad a otro nivel de complejidad mayor que el precedente mediante el cual resuelve las situaciones que el medio le presenta o que cuyos propios procesos de mantenimiento de la vida implica. Esta nueva producción de sí mismo a través de la implantación de un nuevo orden supone el uso de prácticas específicas de transformación de su propio modo de ser; transformación que tiene lugar a nivel enzimático, bioquímico, de potencial eléctrico, etc., mediante la cual se accede a un “acoplamiento” del sistema a su entorno.

¿Y si este “acoplamiento” del sistema a su entorno fuera en términos de Verdad? Verdad en un sentido de éxito o fracaso de las resoluciones complejas del sistema que le ofrecen la posibilidad de seguir existiendo, evolucionando, diferenciándose, teniendo un lugar en el mundo. Así entendemos ahora como para el acceso a la Verdad se hace indispensable la transformación del Sujeto, puesto que sin esta transformación, ni la Verdad ni la Vida serían posibles.

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